Economía

FMI, pandemia y globalización

La Argentina se ha acostumbrado a ir detrás de pocos premios para la conquista y con pocas vituallas y municiones para la expedición, cuando se habla de ordenar las finanzas públicas, controlar la inflación y evitar las recurrentes crisis de balanza de pagos (EFE)
La Argentina se ha acostumbrado a ir detrás de pocos premios para la conquista y con pocas vituallas y municiones para la expedición, cuando se habla de ordenar las finanzas públicas, controlar la inflación y evitar las recurrentes crisis de balanza de pagos (EFE) (EFEI0373/)

La Argentina se ha acostumbrado a ir detrás de pocos premios para la conquista y con pocas vituallas y municiones para la expedición, cuando se habla de ordenar las finanzas públicas, controlar la inflación y evitar las recurrentes crisis de balanza de pagos con el resto del mundo.

¿Qué hará entonces sustentable la política de objetivos modestos e instrumentos débiles? Esa es la gran pregunta a la política del futuro próximo. Por un lado, es una pregunta sobre el futuro de la política como arquitectura del bien común. Por el otro, es una pregunta dirigida a la política como marketing destinado a la preservación del poder. El presidente Alberto Fernández tiene un solo tiempo para ambas “políticas” que tienen ausencia de coincidencia en los plazos. Esa divergencia ¿erosiona las convicciones cuando lo que es urgente y lo que es necesario requieren tiempos diferentes?

Estas tres cuestiones, FMI, pandemia y globalización acumulan una situación de exigencia de “objetivos externos”, es decir no determinados por la autonomía de la voluntad -pero absolutamente necesarios de ser satisfechos- y de debilidad extrema de instrumentos propios; y bajísimo acceso a complementos externos, otrora disponibles con menor o mayor dificultad de acceso.

La primera cuestión sobre la mesa es la del FMI, por la urgencia que le ha asignado el Gobierno y porque de su modo de resolución depende la ejecución de la política económica diseñada, o a elaborar, por el ministro Martín Guzmán.

La primera cuestión sobre la mesa es la del FMI, por la urgencia que le ha asignado el Gobierno y porque de su modo de resolución depende la ejecución de la política económica diseñada (Reuters)
La primera cuestión sobre la mesa es la del FMI, por la urgencia que le ha asignado el Gobierno y porque de su modo de resolución depende la ejecución de la política económica diseñada (Reuters) (Yuri Gripas/)

Hay pocas señales de esa política; todas sumadas están a años luz de conformar un diseño mínimamente adecuado para servir de guía a los actores.

La cronología de la política de Martín Guzmán, antes de la pandemia, establecía un primer paso definido por el acuerdo con los acreedores externos privados. Hoy, ese tema “ya está”. ¿Es un punto de apoyo o apenas un desplazamiento de la dificultad?

Si se mira el índice de riesgo país o la tasa de interés, las cuales miden el grado de desconfianza de los acreedores externos privados y del acceso al crédito en dólares, surge que sólo se logró el desplazamiento de un obstáculo. No es poco. Aunque el ministro Guzmán tardó más de lo que muchos hubieran deseado y ese tiempo consumió una gran cantidad de reservas en el Banco Central. En economía tiempo es dinero y esta certeza, agobiante en un país estancado y demorado en el progreso colectivo, no está asumida en ninguna de las áreas de gestión de la Administración Fernández. Es una gestión de estilo “demorado”.

El acuerdo con los acreedores es un objetivo logrado, lo que es bueno. Pero por demorado, generó consecuencias sobre la trama de las expectativas que siempre las demoras castigan. Fue satisfactorio no sólo para el Gobierno sino también para la mayor parte de quienes, al ocuparse de estas cuestiones, tienen opinión propia acerca de ellas. Es decir, desde la perspectiva nacional fue una solución sensata. También lo fue para los acreedores.

El acuerdo con los acreedores es un objetivo logrado, lo que es bueno. Pero por demorado, generó consecuencias negativas sobre las expectativas

El saldo es una buena negociación de cancelación que sólo generó compromisos cuantiosos a cambio de nada favorable para la Nación. Evitó una crisis mayúscula. Pero eso es inevitable.

Pero, más allá de las cuentas que se hagan, fue una solución más sensata que la de Néstor Kirchner que -como se recuerda- arregló algunas perdidas de la cañería, pero dejó tantos agujeros que hicieron falta dos períodos gubernamentales para terminar de cerrarlos, lo que -por otra parte- se hizo mal y tarde.

A favor del presidente Fernández, resolvió real y razonablemente la deuda heredada de la pésima, increíble y poco profesional, gestión de Mauricio Macri y su improvisada legión de financistas.

Ahora queda la cuestión FMI como la primera pendiente en el orden resolutivo. Para tratar los acuerdos de la deuda pública con los privados y con el Fondo se ha consumido el 25% de la gestión Fernández. Durante un año la política ha estado y estará, al servicio de los acuerdos con los acreedores externos. Acuerdos por cierto imprescindibles.

Un dato, si bien menor, pero que no puede dejar de observarse, es que después de los misiles disparados por Martín Guzmán con medidas contra el alza irreverente a $195 de la cotización del dólar libre, en los últimos días y después de una baja extraordinaria, nuevamente comenzó una carrera alcista: el dólar bajó a tomar agua, dicen los cambistas.

La deuda con el Fondo Monetario

La Argentina es el principal deudor del FMI, un acreedor que es un peso pesado por su gravitación en el mundo de las decisiones económicas (inversiones) y financieras (movimientos de capitales); y es doblemente pesado para el país, porque de la deuda que se contrajo en 2018 no quedan ni rastros de nada positivo: solo penas que representa hoy más de la mitad de las exportaciones y, razonablemente, muchos años de los posibles superávit del comercio exterior.

DEUDA OCTUBRE 2020
Poco más de 1 de cada 5 dólares de deuda pública fueron contraídos con organismos interrnacionales

Si bien es una pesada carga -que no ha generado nada productivo para poder soportarla, es decir, es una deuda que no ha servido para acumular capacidad de repago- no es menos cierto, vaya alivio, que esta deuda con el FMI será refinanciada a varios años y con algunos, que no serán pocos, años de gracia.

Pero ese auspicioso hecho -que Guzmán seguramente anunciará a más tardar durante el primer trimestre de 2021- es un compromiso adicional que implica que, de la capacidad de ahorro, del excedente que se pueda generar y del balance externo superavitario, deberá destinar una proporción, previsiblemente, no menor.

Acordar la manera de cancelar los compromisos “populistas” de Macri es el primer condicionante de la gestión Guzmán. O lo que es lo mismo: se está acordando cuánto menos hay para crecer.

La crisis sanitaria

La segunda cuestión, sobre la mesa de la discusión del ministro de Economía, que limita la capacidad de decisión, es la pandemia. ¿Cómo nos va, cómo nos ha ido en este manejo? ¿Lo estamos haciendo bien? ¿Cómo podríamos hacerlo mejor? La proporción de muertos por cada millón de habitantes está entre los más altos.

El producto potencial, lo que es capaz de generar el país trabajando a pleno, es hoy menor -considerablemente menor- que lo que se suponía sería posible

Se ha destruido capital productivo, se ha afectado profundamente la organización social, se ha debilitado en dimensiones y profundidades, que aún ignora la sociedad, el sistema educacional y se han debilitado los horizontes y expectativas vitales que potencian el futuro de la sociedad. Todo eso es producto de la pandemia. El resultado es la evidencia que el producto potencial, lo que es capaz de generar el país trabajando a pleno, es hoy menor -considerablemente menor- que lo que se suponía sería posible antes de la irrupción de la crisis sanitaria.

especial economia locales cerrados
Se ha destruido capital productivo, se ha afectado profundamente la organización social (EFE) (Juan Ignacio Roncoroni/)

El desafío del ministro Guzmán no es sólo atender los efectos económicos de la pandemia, los costos sanitarios que agrega, sino también promover la “eficacia” de la política sanitaria, porque ella es determinante de la suerte de la economía. Hay mucho para hacer.

Relación con el mundo

Pero, además, hay una tercera condicionante “heredada” sobre la mesa de las decisiones, es la cuestión de la globalización. Fenómeno multidimensional al que no son ajenas ninguna de las otras dos cuestiones, y con la forma en que se resuelven los costos.

El endeudamiento externo del sector público con las finanzas privadas, como estrategia de las economías en desarrollo, se instaló al mismo tiempo que la intensidad de las aperturas de las cuentas de capital acompañaba la “globalización” de las finanzas; a la que sucedió el proceso de “apertura comercial”.

La globalización introduce enormes preocupaciones acerca de la capacidad del Estado Nación para resolver como actor protagónico los problemas sobre el territorio.

Pues bien, si se toma al país protagonista por excelencia de la globalización en el Siglo XXI, que es sin duda la República Popular China, desde 2000 -por cierto, desde años antes- hay una consistente expansión de la productividad en casi todas las actividades económicas, con un incremento notable en lo que hace al desarrollo tecnológico. También, partiendo desde inicio de siglo 2000, ha mejorado notablemente el Coeficiente de Gini que refleja la mejora en la distribución del ingreso, y se ha producido una disminución sostenida de la pobreza y considerables mejoras a nivel espacial y de los niveles de empleo.

Pero en ese mismo tiempo, ese proceso no se ha registrado estadísticamente en todas las naciones desarrolladas de Occidente. Enorme cantidad de trabajos vienen desnudando la creciente desigualdad allí donde la economía del Estado de Bienestar había disipado la voluntad de cambios rudos.

Lamentablemente, en la Argentina estos 20 años han sido de continuidad de un fracaso de crecimiento y naturalmente un retroceso colosal en las posibilidades de desarrollo. No se trata de discutir “causalidad” sino de describir que el progreso que asombra de China, que emergió de décadas de atraso, no registra simultaneidad alguna con la economía local, pese a estar asociados comercialmente.

Todas estas cuestiones exigen una ‘proactividad’ extraordinaria: en lo sanitario, y la globalización dónde los estudios y reflexiones sobre los impactos y sus derivaciones están ausentes

Resumiendo, las tres condiciones previas heredadas en la mesa de la decisión, el endeudamiento y la vinculación al proceso de globalización, sumados a las consecuencias de la pandemia, implican una enorme debilidad instrumental que condiciona a pocos ambiciosos objetivos.

Todas estas cuestiones, a la vez, exigen una “proactividad” extraordinaria: en lo sanitario, y la globalización dónde los estudios y reflexiones sobre los impactos y sus derivaciones están ausentes, donde las políticas son espasmódicas y por lo tanto probablemente equivocadas.

El gran interrogante, en este irrespirable escenario político de la grieta, es cómo se podrá atravesar este temporal de condiciones negativas sin un replanteo profundo de la vinculación con el proceso de globalización y sin un repensar las estrategias frente a la pandemia.

El autor fue subsecretario de Economía del ministro José Ber Gelbard y uno de los que redactó ese plan; es escritor, autor del libro “Economía y política en el tercer gobierno de Perón”, y profesor en la Facultad de Ciencias Económicas de la UBA

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