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Las memorias de Darío Felman, el autor del penal decisivo en la primera Libertadores de Boca: las picardías del Toto Lorenzo y la intimidad del Maradona más puro

Darío Felman, ex jugador de Boca
Felman, con la casaca de Boca y en la actualidad. Reside en Valencia (defensió los colores del club de la ciudad durante seis años) y es comentarista

Hugo Gatti; Vicente Pernía, José Luis Tesare, Roberto Mouzo y Alberti Tarantini; Jorge Benítez, Rubén Suñé y Mario Zanabria; Ernesto Mastrángelo, Carlos Veglio y Darío Felman fue el once que el Toto Juan Carlos Lorenzo mandó a la cancha la noche del 14 de septiembre de 1977 para disputar la final de la Copa Libertadores frente al Cruzeiro.

Luego de que Boca Juniors venciera en la ida al conjunto brasileño 1-0 con gol de Carlos Veglio en la Bombonera, y cayera por el mismo resultado de visitante, los dos equipos debían definir el certamen continental en un partido en cancha neutral. El encuentro se desarrolló en el Estadio Centenario de Uruguay, ante 60 mil espectadores. En aquella noche lluviosa, Boca obtuvo su primera Libertadores vistiendo una llamativa camiseta blanca.

“El entrenador quiso que jugáramos con esa camiseta blanca para que no perdiéramos nada de nosotros ni sel trabajo realizado. Fue un cambio cabulero de Lorenzo”, remarcó Felman, protagonista vital de aquel encuentro.

Tras el empate en cero durante los 90 minutos de juego y los 30 de alargue, fueron a los penales. En la definición, el Loco Gatti se vistió de héroe y, al atajar el remate de Vanderley, le dio al Xeneize su primera Libertadores en la historia. Esa misma Copa que hoy, a 44 años del título, sigue siendo recordada por todos los hinchas boquenses.

“Asumí la responsabilidad de ejecutar el último penal de Boca. Me preguntó el Toto: ‘El primero o el último’. Le respondí: ‘El último’. Fue espectacular porque Gatti le contuvo el penal a Vanderley y festejamos enloquecidos el primer título internacional”, reconoció Felman en diálogo con Infobae desde Valencia, España, donde reside desde el 2007.

-Se cumplen 44 años de la primera Copa Libertadores ganada por Boca. ¿Qué recuerda de aquel partido?

-Erré un par de goles impresionantes. Era un delantero que erraba mucho, pero también estaba definido como el de los goles importantes. Recuerdo que decían: “Darío Felman, el de los goles importantes”. Ante Cruzeiro en el Centenario de Uruguay fue nuestra noche. Llovía. Querían suspender el partido y el Toto Lorenzo junto a los directivos xeneizes decían que no. Fue el día soñado y no lo repetí nunca más.

-Le tocó patear el último penal del equipo. ¿Por qué tomó esa responsabilidad?

-Hubo un secreto muy personal de parte del equipo y del entrenador. Fue mi último partido en Boca. Tenía una salvedad. Si lo erraba me volvía para Valencia, si no me podía quedar en Buenos Aires. Asumí esa responsabilidad porque llevaba 14 penales consecutivos convirtiendo y no había pifiado ninguno. Entonces, me dijo Juan Carlos: “El primero o el último”. Le respondí: “El último”. Me tocó la suerte de elegir bien. Fue espectacular porque Gatti le contuvo el penal a Vanderley y después festejamos enloquecidos el primer título internacional.

-Aquella final, ¿fue el partido consagratorio del Loco Gatti en Boca?

-El Loco era el alma mater de ese equipo. Aportaba su frialdad como portero. Era capaz de querer tirar un escoba y barrer el área. Él sacó a relucir toda su experiencia. Lo aplaudían de todos lados. Cada vez que tocaba la pelota, lo aplaudían. Se metió a la gente en el bolsillo. Se convencieron de que ese día era de Boca.

-¿Que significó para el club ganar su primera Copa Libertadores?

-El sueño concretado. Habían pasado muchos jugadores importantes, hasta que ganamos la primera Copa. Nos tocó a nosotros ser los primeros. Fue un sueño para la gente de Boca y para el presidente de aquel momento, Alberto J. Armando, que era muy fanático del club. Ese sí que era hincha de Boca. También ponía mucho dinero. Era un amante del Xeneize. Todos juntos quedamos en la historia de la institución.

-¿Qué balance hace de su paso por el Xeneize?

-La mejor etapa como futbolista. Fui feliz. Me encontré con un equipo con experiencia y un entrenador que era un adelantado. Un plantel lleno de buena salud, que no contaminaba. Entonces, los del Interior nos sentíamos como en casa. Pasé los mejores momentos como persona y profesional. Quedamos en la historia por haber ganado la primera copa. Y después la Intercontinental. Cuando se escriba la historia, en la primera página figuraremos nosotros. Eso no lo podrá borrar nadie.

-¿Conserva la camiseta blanca histórica que usaron frente a Cruzeiro en el Centenario?

-No, regalé todo. Le regalé mi vida al fútbol, porque es la profesión más linda del mundo. Yo regalo todo: a mis hijos, a las peñas que me invitan, a los hinchas. Yo no soy de guardar lo que utilizo. Sólo conservo en el corazón lo que me dio este deporte, nada más. La camiseta blanca fue de las más lindas que me puse, pero se la regalé a un hincha.

-¿Por qué vistieron aquella casaca particular?

-Por iniciativa de Lorenzo, por cabulero. Veníamos bien y de un día para el otro nos dijeron que íbamos a jugar de blanco porque llovía. El entrenador quiso que jugáramos con esa camiseta para que no perdiéramos nada de nosotros ni del trabajo realizado. Fue un cambio cabulero del Toto.

-Al ganar la Copa Libertadores, pasan a disputar la Intercontinental con el Borussia Monchengladbach en 1978. En la ida, fue 2 a 2 en la Bombonera. ¿Cuál fue la receta del entrenador para ganar la segunda final en Alemania?

-Lorenzo preparó ese día un equipo para el Loco Gatti, porque sabía que él era un defensa más. Puso gente rápida y sacó a los experimentados, sabiendo que el arquero jugaba adelantado. Para Gatti, fue el partido de su vida. Hugo soñó con hacer ese juego y no le pudieron hacer un gol. Salió todo a la perfección.

– ¿Qué hizo con la camiseta que usó ante los teutones?

-Se la cambié al Ranier Bonhof, que después fue compañero mio en el Valencia. Él me dio la suya pero se la regalé a uno de mis hijos, que la tiene guardada bajo cuatro llaves.

-¿Cómo fue ese viaje maratónico para llegar a Alemania?

-Fue bastante pesado, con muchas escalas. Partimos de Buenos Aires a San Pablo, con escala de cuatro horas. Cambiamos de avión. De ahí a Dakar. Seguimos a París, otra escala de tres horas, y luego otro avión a Frankfurt. Ya en Alemania viajamos 200 kilómetros en micro para llegar a Karlsruhe. En Boca todo está planificado y no hay margen para el error. Pero, a veces, nos salen estos viajes que los argentinos tildamos de mufa, de que todo está mal. Tuvimos mucha calma para el largo viaje a Alemania. Pancho Sá y Toti Veglio, que eran los más experimentados del plantel, nos llevaban tranquilidad. “De alguna forma, mañana o pasado vamos a estar disputando la final”, acotaban.

-¿Fueron subidos a cabalito en el Aeropuerto de Dakar?

-Sí, como llovía, del avión a la pista nos llevaban unos tipos a cococho. Llovía bastante. Pero no nos importaba porque pensábamos en el partido y queríamos llegar de cualquier manera. Teníamos un técnico que te mordisqueaba. Te comía el cerebro de las cosas que pensaba. Lorenzo era el explotador de un grupo de jugadores fenomenales. Él nos decía: “Ustedes son como una naranja: hay que exprimirlos al máximo, después vemos qué sale”.

-¿Es cierto que faltaba un día para la final y los alemanes se entrenaban como si se jugase ese día el partido y ustedes, fumando alrededor de la cancha viéndolos entrenar?

-Sí, es cierto. Faltaba un día para el partido y veíamos cómo los rivales elongaban y corrían, como si estuviesen por empezar a jugar. Teníamos mucha información del Borussia. Lorenzo mandó a un espía 20 días antes a espiarlos a la pretemporada que recién comenzaba. Éramos tan unidos que no había problemas de fumar entre nosotros. Uno que otro fumaba, al mismo tiempo que veíamos a los alemanes entrenar. Pasa que veníamos con un trajín de partidos importantes y estábamos bien físicamente. Ellos tuvieron mucho descanso antes. Imagínate lo que sería hoy. Un equipo entrenando y el otro fumando, no se juega el partido, quedamos todos suspendidos. Pero en esa época estaba permitido.

-¿Cómo se enteraron de que el Toto había mandado a un infiltrado 20 días a espiar el conjunto alemán?

-Él nos contó. En Buenos Aires también lo hizo. Espiaba a los rivales y pasaba luego un informe, nos contaba todo. Lorenzo lo implementó para saber cómo se movía y por donde le podíamos entrar. Explotaba tan bien sus conocimientos futboleros que ganamos muchos puntos gracias a él.

-¿Es verdad que estaba de vacaciones en Mendoza y lo llamó el Toto Lorenzo para que se sumara al plantel para enfrentar al equipo alemán?

-Sí, es verdad. Yo había llegado a Valencia por un año a préstamo desde Boca. Entonces, en junio terminé el campeonato español. De esta manera, me fui de vacaciones sin saber si el Valencia hacía uso de la opción de compra. Pero existía una cláusula entre ambos clubes que decía que si Boca tenía la oportunidad de disputar la Intercontinental, yo podía jugarla. Entonces, estaba en Mendoza cuando me llama por teléfono Armando. Y me pasa con Lorenzo.

-¿Qué le dijo el entrenador?

-”Tómese el primer avión para Buenos Aires, que me tiene que acompañar en ésta”. Le respondí: “Maestro, estoy de vacaciones”. Me dijo: “Qué vacaciones. Véngase para acá”. No lo dudé. A la hora, estaba tomándome un avión para la capital argentina. Me encontré con un grupo espectacular de jugadores y de amigos de verdad, eh, que hasta hoy compartimos un grupo de WhatsApp.

-¿Qué enseñanza le dejó Lorenzo como persona?

-Que el fútbol es para vivos. Que cuando chocás con un entrenador a libro abierto puesto a disposición de los jugadores, tenés que aprender. Entonces, con el Toto aprendimos a ser profesionales. No a comer pizzas ni empanadas, sino a comer equilibrado como debe hacer un deportista. No quedarse hasta las 4 AM a ver televisión, sino acostarse temprano y descansar bien. Lorenzo decía que el futbolista debe descansar 25 horas por día. Y no se equivocaba. Aprendimos a ser mejores como jugadores y también como personas.

-¿Como fue su partida de Boca?

Vine con el Xeneize a disputar el torneo Joan Gamper a España, del que participaban el Barcelona, el Ajax de Holanda y el Schalke 04 de Alemania. En el primer partido enfrentamos a los alemanes y jugué muy bien, ganamos 2 a 1. Justo estaba viéndolo el secretario técnico del Valencia, Bernardino Pérez Elizarán, conocido como Pasieguito. Le gustó mi forma de jugar. Habló con Armando ese mismo día y éste se lo comentó a Lorenzo. El entrenador vino a hablarme.

Darío Felman, ex jugador de Boca
En el Xeneize ganó cuatro títulos: Metro y Nacional del 76, Libertadores e Intercontinental del 77. En argentina además jugó en Gimnasia de Mendoza, Independiente Rivadavia y Leonardo Murialdo (Boca)

-¿Qué le dijo?

-”Te vieron jugar y les has gustado. Pero mañana quieren verte de nuevo contra el Barcelona”. Yo me puse feliz. Le pregunté: “¿A usted qué le parece, maestro? Yo estoy feliz y contento con esta noticia”. Me respondió: “Usted tiene que decidir”. Al otro día, en la previa con el Barsa, Lorenzo dió la formación del equipo y no estaba de titular. Me sorprendió y le pregunté.

-¿Qué le respondió?

-”Anoche presentí que te quedabas en España a jugar porque hoy se cierra el libro de pases español. Entonces, vamos a acusar que te duele el tobillo, así se quedan con tu última imagen, que fue con el Schalke 04″. Quería especular un poco con el cierre del libro de pases. Así fue. Terminó el torneo y firmé con el Valencia por un año. Lo tenía todo planeado el Toto, así era él.

-En su mejor momento en Boca, le tocó debutar en la Selección de Cesar Luis Menotti en febrero de 1977 ante Hungría. ¿Qué sintió al ponerse la camiseta argentina?

-Fue espectacular, y encima en la Bombonera, un terreno que conocía mucho. Son esas cosas que te hacen adorar esta profesión. Con Diego Maradona estábamos en el banco y disfrutábamos como locos. Decíamos: “Que no se termine nunca este partido”. Ganamos 5 a 1. Lo que jugó la selección argentina ese día no tiene nombre.

-Fue también el debut de Maradona con 15 años en el seleccionado.

-Claro. Recuerdo que César Luis Menotti era un amante de Maradona. Tenía 15 años. La gente comenzó a cantar pidiendo por el 10. César le dijo: “Diego, caliente que va a ingresar. Darío, usted también”. Y en un momento, durante el calentamiento, me preguntó Diego antes de entrar: “¿Estás cagado? Acá nos vamos a divertir”. Él no tenía miedo. Esa era su personalidad, la forma de vivir y sentir el fútbol. No tuvo un buen debut, porque el partido estaba definido desde el resultado. Ver a Maradona debutar con la Selección en la Bombonera es un hecho que no olvidaré nunca.

-¿Se vislumbraba un Maradona que iba a marcar historia?

-Mama mía, claro que sí. Recuerdo que lo observamos cuando íbamos a jugar a la cancha de Argentinos Juniors. Aparecía en el complemento. Veíamos ingresar a un enanito, chiquito y flaquito. Nos preguntábamos: “¿Ese pibe quién es?”. Un chavalito y la rompía. Desde Argentinos ya mostraba presencia y dotes de crack.

-¿Te dolió no haber sido parte del Mundial 78?

-No, porque he chocado en mi aprendizaje en el fútbol con buenos maestros. Cuando debuté en la selección argentina nace lo de venirme a España. Entonces, con el primero que hablo es con Menotti. Me dijo: “Darío, yo que usted me iría al Valencia, porque tengo a Daniel Bertoni, al Loco René Houseman, al Negro Ortiz, delante suyo. Entre los 22, hasta tengo dudas de llevarlo al Mundial 78.

-¿Cómo tomó lo que le dijo?

-Me encantó la sinceridad. Me habló como si hubiera sido su hijo. Las oportunidades de ir a jugar a Europa en esos momentos no eran fáciles. Entonces, después de hablar con él tomé la decisión. Le agradecí en el alma porque me quedé siete años aquí. Nacieron mis hijos y gané tres títulos. Y realicé el último eslabon de mi carrera al éxito: jugar en Europa y salir campeón.

-Jugó con Kempes y con Maradona. Y observó de cerca a Messi en España durante mucho tiempo…

-Jugué con Kempes, Maradona y con Fernando Morena, un año en el Valencia. Jugadores importantes que me marcaron en mi vida. Kempes es el único en la historia que fue campeón del mundo, goleador y el mejor futbolista del torneo. Nace Diego y Mario quedó en el segundo lugar del podio de mejores jugadores de todos los tiempos. Diego tapa a Mario. Kempes es mejor tipo que futbolista. Messi puede tapar a ambos si sale campeón del mundo, únicamente. Diego era el jugador del pueblo. Los hinchas de River lo querían. Fue a Nápoles y dividió un país. Jugó en el Barcelona y se puso a la altura del Real Madrid, que lo ganaba todo. Llegó Diego y lo cambió todo, porque era un marciano. Si Lionel sale campeón del Mundo, en Argentina lo van a valorar. Hay que hacer 600 goles y ganar 35 títulos. Seis balones de oro. No cualquiera lo logra.

-¿Se lo extraña en el fútbol español desde su partida al PSG?

-Sí, la verdad que sí. La contra que es que en el Real Madrid están felices y contentos. Como cuando se fue Ronaldo, los catalanes estaban contentos. Se extraña porque hizo historia en España. Y será muy difícil cubrir su ausencia. Lo es ahora. Fíjate que el Barsa no llena el estadio cuando juega en el Camp Nou.

-Está radicado en Valencia hace 14 años. ¿Como es la vida allá?

-Ya me entierran aquí en Valencia (risas). Tengo a mis tres hijos acá y ahora disfruto de ellos. Se vive bien, con poquito y soy feliz. La vida te da estas oportunidades de haber jugado hace mucho tiempo. Llegué en 1977 y me desarrollé durante siete años. Dejamos mucho cariño y me lo hacen sentir.

-¿A qué se dedica?

Yo sigo al Valencia a todos los partidos para un medio español. Soy un opinólogo, que ha vivido de cerca este hermosa profesión que es el fútbol. Por el desorden político y social que vive Argentina, se adaptaron mis hijos aquí. Salvo Sebastián, que nació en Buenos Aires, Gabriel y Tatiana son valencianos. Un día Gaby me dijo: “Dame una mano, me quiero ir para España porque no estoy bien en Argentina”. Hace 14 años que volví para quedarme definitivamente. Y estamos felices. Disfruto de la etapa más linda que son los nietos.

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