Sociedad

No era que no se podía hacer más chistes por el feminismo, era que no dejaban hacer más chistes a las feministas sobre la justicia machista

Diana Raznovich
Una petición en Change reclama que se restituya la viñeta que objeta el machismo judicial en España

“¡Cómo voy a creer que su marido le maltrata si usted está viva!”, le dice un juez a una mujer golpeada. El dibujo de la humorista gráfica argentina Diana Raznovich, radicada en España, retrata el punto de partida de la desconfianza machista: las mujeres mienten. Si el grito de #YoTeCreoHermana es el hashtag que define al #MeToo español es porque la justicia no les creía a las mujeres que denunciaban. Ahora se podría resignificar como #YoTeLeoDiana

Porque, aunque no se pueda creer, la justicia que fue acusada de no creerle a las mujeres, en manifestaciones masivas, ahora se ofende por un dibujo que muestra que un juez no le cree a una víctima y mando a retirarla de una exposición pública. La viñeta formaba parte de una exposición contra el machismo avalada por el Instituto de la Dona e instalada en la estación de Palma (Mallorca), con motivo del 8M.

Pero, tras las quejas de asociaciones de jueces, fiscales (sin diferencias entre progresistas y conservadores) y el pronunciamiento negativo de la ministra de Justicia española (otra vez una mujer contra los derechos de las mujeres) pidieron que el dibujo fuese retirado. Así que ya no está a la vista. No hay otra forma de llamar retirar a una obra porque le molesta al poder que censura.

El resto de las obras se pueden ver hasta el 13 de abril, pero la crítica a la justicia (que no tiene venda en los ojos para ser imparcial, sino para no mirar una historieta) no. El dibujo formaba parte de una exhibición de la artista Diana Raznovich y estaba avalada por el Instituto Balear de la Mujer y la Consejería de Presidencia, Función Pública e Igualdad.

Diana Raznovich
Un tuit ataca a Diana Raznovich por argentina y pregunta porque no viene al país a hacer una muestra. Sería una buena idea darle la bienvenida y mostrar los avances en materia de género.

Uno de los tuits misóginos, racistas y sesgados le cuestiona a Diana porque vive en España (a donde se fue exiliada por la dictadura militar) y por qué no viene a Argentina a exhibir sus dibujos. Ella es mujer, feminista y sudaca. Pero en Argentina sería difícil que el Poder Judicial lograra silenciar a una artista sin un repudio masiva y una demanda por violencia simbólica.

El sesgo anti sudamericano está claro. Pero claro que sería buena idea que en Argentina se exhiba el dibujo de Diana y que se muestre como las nuevas leyes argentinas (incluyendo la Ley Micaela para capacitar a los poderes del Estado) contribuyen a criticar al sistema judicial y no se puede avalar la censura a esas críticas.

Diana Raznovich nació en Buenos Aires, en 1945. Estudió Literatura en la Universidad de Buenos Aires. Es escritora, dramaturga y humorista gráfica. Publicó en Clarín durante muchos años y hace chistes sobre las relaciones sexuales, la soledad, los micromachismos y las presiones estéticas. Ahora vive en Alicante. Y después de huir del terrorismo de estado sufre censura en un país con garantías democráticas.

Diana Raznovich
Un tuit crítica la falta de libertad para criticar el machismo judicial en España

En 2019, también hizo un dibujo que molestó a la justicia ya que se veía a un magistrado diciéndole a una mujer que con su belleza provocaba la crueldad de su marido. El Tribunal Superior de Justicia de Asturias criticó la estampa y partidos políticos, como Ciudadanos, pidieron que fuera quitado.

Raznovich defendió que su obra servía para reivindicar “la risa de las mujeres” y su derecho “a la libertad de expresión”. Y pide la restitución de su obra en la exposición pública. “La censura es una expresión de falta de salud democrática, pues los artistas y los humoristas tenemos el libre derecho de expresarnos”, reivindicó la artista en una cita del portal Vox Populi.

Incluso, la organización “Asociación con la A” lanzó una juntada de firmas en Change.org en la que exige al Gobierno balear que restituya “inmediatamente” la viñeta “censurada”. “Solicitamos al Ministerio de Justicia que incremente el presupuesto en formación interna para que el conjunto de la judicatura reciba formación en materia de igualdad y violencia de género, de manera que no se repitan las actitudes individuales que Diana Raznovich denuncia en su colección”, reclama la organización.

Diana Raznovich
Diana Raznovich denunció censura contra su obra y pidió que sea reinstalada en la exposición que tenía que durar hasta el 13 de abril

Fuentes oficiales le dijeron a ElDiario.Es que el dibujo fue quitado para evitar “más polémicas”. Si las mujeres polemizan son censoras, pero si son censuradas es mejor evitar la polémica. Eso y decir que mejor callarse que ser críticas es peligrosamente parecido. ¿O sólo pueden soportarse las polémicas en el bar y en el futbol pero no las que generan las mujeres?

Y, por sobre todo, el chiste no está tan lejos de la realidad, sino demasiado cerca. De hecho, el #YoTeCreo es la respuesta a una justicia que no les creía. Y tuvo que darse después de la sentencia de La Manada en la que a una joven no le creían que había sido violada, sino solo abusada, porque le habían puesto un detective y habían detectado que sonreía, salía y se sacaba fotos en redes sociales.

O sea, no estaba muerta. Y eso era prueba suficiente para decir que no era tan creíble su denuncia. En el emblemático juicio de Thelma Fardín también le preguntaron porque había salido, sonreído y trabajado (o valorado otros aspectos de su participación en la serie “Patito Feo”) si en verdad había sido violada.

"Hasta que no me maten no me van a creer", decía un cartel contra el fallo de la mañana en Barcelona, España, en mayo del 2018. Cuatro años después quitan un dibujo que dice que si una mujer no está muerta no le creen.
"Hasta que no me maten no me van a creer", decía un cartel contra el fallo de la mañana en Barcelona, España, en mayo del 2018. Cuatro años después quitan un dibujo que dice que si una mujer no está muerta no le creen. (EUROPA PRESS/)

La víctima que, en ese momento tenía 18 años, sufrió, al menos, “10 agresiones sexuales con penetraciones bucales, vaginales y anales” en las fiestas de San Fermín, el 7 de julio del 2016. Sin embargo, en diciembre de 2018, el Tribunal Superior de Navarra (TSJN) ratificó la condena de nueve años de prisión por el delito de abuso sexual contra los jóvenes imputados.

Sin el repudio social al fallo no solo la condena hubiera sido leve, sino que la condena vital a la víctima hubiera sido mayor. En junio de 2019, el Tribunal Supremo elevó de 9 a 15 años la pena al considerar que el caso no fue un abuso sexual sino una violación en grupo con el agravante del trato vejatorio y la actuación conjunta de dos o más personas.

¿En serio la justicia española se va a escandalizar por la crítica humorística y no es capaz de autocriticarse por los fallos machistas? La censura judicial a una humorista es grave. Pero no es solo grave. Muestra que, después de la primavera del #MeToo (del 2105 al 2018) y de los señalamientos para revertir la cultura de la violación la única cancelación y censura que se impone es la que se impuso siempre: la que busca silenciar a las mujeres.

"Yo te creo", decían los carteles, en una marcha en el 2018, para respaldar a la víctima de una violación colectiva en San Fermín, en el 2016. REUTERS/Vincent West
"Yo te creo", decían los carteles, en una marcha en el 2018, para respaldar a la víctima de una violación colectiva en San Fermín, en el 2016. REUTERS/Vincent West (REUTERS/)

En Argentina también los juicios a periodistas por parte de diputadas son a quienes defienden los derechos de la comunidad trans y a quienes escriben por los derechos de las mujeres. El último hit, además, se ve claramente, como una estrategia global, de Argentina a España: algunas mujeres son las elegidas para ser las nuevas inquisidoras, ya que es demodé que la censura la hagan con sotanas o corbatas.

Es mucho más filoso y perturbador cuando viene de parte de damas del poder que parecen aguerridas en sus modos, tienen entrenamiento mediático y lengua bélica (un escalón mucho más destructivo que la lengua karateca que tan bien definió Moria Casán sobre el entrenamiento en el ring mediático), una imagen ultra feminizada, mucha ambición y vocación de servicio a los varones a los que defienden con capa (o sin ella) y sus propias espadas.

El problema no es solo que la justicia mantiene los prejuicios clásicos del machismo, sino que se embandera en una reacción tan machista -frente a los cuestionamientos de los feminismos- que son capaces de censurar. No necesitan solo re- aprender, sino que van a reprender a las que les exigen otra mirada.

Diana Raznovich
El libro de Beatríz Gimeno acaba de salir en España. Ella denuncia que la justicia deja vía libre para los crímenes de padres violentos contra sus hijos, pero se escandaliza por una viñeta.

“Hoy un padre ha matado a su hijo. Ese padre no debía tener derecho de visitas según el artículo 94 del CC. Un juez se ha negado a aplicar ese artículo. Pero se ofenden mucho con unas viñetas”, describió la escritora Beatriz Gimeno, en un tuit, el 3 de abril. Gimeno compara el peligro que viven las mujeres -que es un escándalo- con el escándalo de las jueces y los jueces que no soportan ser criticados. Pero no se trata de lo que paso siempre, sino de un nuevo fenómeno de vendetta y retroceso contra los avances de las mujeres.

Ella fue diputada, presidenta del Instituto de las Mujeres e investigadora feminista y acaba de publicar el libro “Misoginia Judicial. La guerra jurídica contra el feminismo”, de Libros Catarata. El libro se trata de una “denuncia urgente de las nuevas violencias institucionales contra las mujeres en el ámbito de la justicia, y de las que se siguen ejerciendo a pesar de las décadas de lucha feminista por erradicarlas”.

“Algunas de estas violencias institucionales son resultado de la reacción misógina ante los sucesivos avances del feminismo, a su mayor presencia y reconocimiento social y legislativo. La reacción misógina (está) encarnada en distintos procesos y sentencias judiciales, en una guerra jurídica contra el feminismo”, propone el libro “Misoginia judicial. La guerra jurídica contra el feminismo”.

Diana Raznovich
"Prefiero ser una mujer con ideales" define Diana Raznovich desde su Instagram

En la investigación se describen: “Algunas resistencias son muy antiguas, como la negativa a juzgar las violaciones como un crimen contra la libertad sexual de las mujeres. Otras son nuevas y terribles, como el rechazo a reconocer y corregir la prevalencia de las agresiones sexuales a menores de edad por parte de familiares varones, lo que se refleja en el síndrome de alienación parental (SAP) y en otros subterfugios derivados de este”.

La censura contra el dibujo es parte de esta guerra jurídica. Una guerra en la que no vale el humor, la objeción, ni la palabra. La Asociación Profesional de la Magistratura, la Asociación Judicial Francisco de Vitoria, Jueces y Juezas para la Democracia, el Foro Judicial Independiente y la Unión Progresista de Fiscales (UPF) se pronunciaron en contra del dibujo.

La Unión Progresista de Fiscales (UPF), aseguró que el cartel “estigmatiza la actuación de la justicia”, puede desincentivar la denuncia y “no responde a la realidad del trabajo que se realiza en los juzgados”. La ministra de Justicia de España, Pilar Llop, criticó la viñeta, que calificó de “absolutamente injusta” y pidió su retirada. “Como ministra de Justicia, mi responsabilidad en todo momento es defender a los poderes del Estado y, en este caso, poner en valor el trabajo de jueces y juezas”, resaltó.

Parece un chiste, pero no. El chiste no se puede ver.

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