Sociedad

Mariano Moreno y la publicación de La Gaceta: “El pueblo tiene derecho a conocer la conducta de sus representantes”

Fue uno de los últimos en convencerse de que lo que estaban haciendo ese mayo de 1810 era posible, que hasta el día anterior temía terminar en la horca con los que pedían una junta de gobierno. Fue el mismo que se sorprendió ser elegido secretario de gobierno y de guerra del gobierno que juró a las tres de la tarde del viernes 25 de mayo. Fue el mismo que se multiplicó en las tareas en ese gobierno.

Primera Junta Mayo 1810 nota Yurman

Fiel a su formación e ideas, el doctor Mariano Moreno fue el ideólogo de la creación de un diario para que los ciudadanos supieran lo que hacían sus gobernantes. El 2 de junio se anunció su aparición: “Una exacta noticia de los procedimientos de la Junta; una continuada comunicación pública de las medidas que acuerde para consolidar la grande obra que se ha principado…”, se explicaba en el prospecto de presentación.

El jueves 7 de junio salió el primer número.

“El pueblo tiene derecho a saber la conducta de sus representantes, y el honor de estos se interesa en que todos conozcan la execración con que miran aquellas reservas y misterios inventados por el poder para cubrir los delitos”, escribió en el primer número.

Detrás de su creador, había una historia.

Su carácter afable y hasta ingenuo lo había transformado en el favorito de la casa. Mariano Moreno nació el 3 de septiembre de 1779, y era el mayor de 14 hermanos, de los que sobrevivirían cuatro varones y cuatro mujeres. En la Escuela del Rey había aprendido a escribir y a contar, ya que a leer lo había hecho con su madre, Ana María Valle. Estudió gramática latina en el colegio de San Carlos y hablaba fluidamente el latín.

Gaceta de Buenos Aires
El primer número de esta publicación semanal salió el jueves 7 de junio.

A los 8 años fue seriamente atacado por la viruela cuando aún no existía la vacuna, enfermedad que le dejaría marcas en su rostro. Desde muy chico se volcó a la lectura y fue fray Cayetano Rodríguez, el que le abrió su biblioteca, donde iba regularmente.

Si bien su severo padre Manuel Moreno y Argumosa cesó como ministro de la real hacienda para determinar los límites de las colonias españolas y portuguesas, tuvieron que ajustarse el cinturón porque el sueldo bajó. Aún así habían podido comprar una casa decente y tener esclavos.

La madre era la que mantenía el control del hogar, y nadie podía estar ausente cuando el padre regresaba de su trabajo, donde cumplía el horario de 9 a 2 de la tarde. De carácter solitario, el hombre nunca salía a la calle por la tarde. Cuando a la noche recibía a sus amigos, se le permitía estar a Mariano y a sus hermanos mayores. Estas tertulias se prolongaban hasta las 23 en verano y hasta a las 22 en inverno, hora que se servía la cena y toda la familia a dormir. Nunca sus padres organizaron una fiesta o un baile y nunca se jugó a las cartas.

María Guadalupe Cuenca, la esposa de Moreno.
María Guadalupe Cuenca, la esposa de Moreno.

Cuando Mariano cumplió 20 años, la familia no estaba en una cómoda posición económica para mandarlo a estudiar una carrera. La salida era estudiar de cura, algo que entusiasmaba a sus padres, ambos muy devotos. La idea era enviarlo a Chuquisaca pero el padre no tenía los 2000 pesos necesarios para costear el viaje de 500 leguas y una larga estadía.

Un alto prelado eclesiástico al que la familia conocía decidió apadrinarlo, arreglar el hospedaje del joven Mariano en la casa del canónigo Matías Terrazas, la manutención y el estudio. Su papá, que había sido nombrado contador ordenador del tribunal de cuentas con un sueldo de 1200 pesos al año, estaba más aliviado y le dio a su hijo dinero para ropa y viaje y 200 pesos para postas.

Cuando Mariano partió, a mediados de noviembre de 1799, sus padres estaban convencidos de que volvería sacerdote. Le esperaba un viaje poblado de postas miserables, escasa comida, caballos mal alimentados y caminos en mal estado.

Cuando llegaron a Tucumán sufrió un ataque de reumatismo, lo que lo tuvo 15 días en cama. Los que debían cuidarlo, no le prestaban atención. En una ocasión tenía tanta sed, que con mucho esfuerzo tomó la jarra con agua, derramando el líquido sobre su cuerpo. A las horas, milagrosamente, estaba recuperado. Siempre tendría una salud frágil y debía cuidarse de las comidas.

Gaceta de Buenos Aires
El primer número de esta publicación semanal salió el jueves 7 de junio.

Luego de dos meses y medio llegó a destino. Primero estudió teología, graduándose de doctor y luego entró en la Academia de Derecho. Dos años de estudios más dos años de práctica en el foro, además del trabajo en un estudio de un letrado, eran los requisitos para ser reconocido como abogado.

La noticia de que estudió leyes sorprendió a sus padres. Comenzó a ejercer en esa ciudad luego de haberse recibido en octubre de 1804. Allí conoció a su esposa, Guadalupe Cuenca, hija de una viuda; la niña había permanecido en un convento de monjas hasta los 13 años. El 20 de mayo de 1804 se casó, ella 14, él 25, sin contárselo a sus padres.

Abrió su estudio y rápidamente comenzó a defender a mucha gente. En uno de los casos, se ganó como enemigo a un juez poderoso, y consideró conveniente regresar a Buenos Aires, donde llegó a mediados de septiembre de 1805, con su esposa y con Marianito, de 8 meses. Se alojó en la casa paterna.

Su primer caso que debió defender en un tribunal no lo olvidaría. Fue un 20 de diciembre de 1805, y ese día murió su padre.

Escribió unas interesantes memorias sobre la primera invasión inglesa. No entendió cómo 1460 británicos habían podido apoderarse de una ciudad de 40 mil habitantes.

Niños Expósitos
Una marca registrada: en la Real Imprenta de los Niños Expósitos se realizaban, desde 1780, todos los trabajos de impresión.

En distintas causas en las que intervino, se pronunció por el libre comercio, entre ellos en la famosa “Representación de los hacendados de las campañas del Río de la Plata”, lo que provocó que muchos amigos peninsulares dejasen de visitar a su familia. Decía no importarle. El virrey Cisneros lo tentó con un puesto de importancia en Madrid para sacarlo del medio, pero Moreno se negó.

Cuando un movimiento revolucionario intentó deponer al virrey Santiago de Liniers, se ocupó de la defensa de su principal promotor, Martín de Alzaga.

La creación de una publicación semanal fue una de las primeras medidas de la Primera Junta, que salió de su inacabable inspiración. Sostenía que el pueblo tenía el derecho de conocer la conducta de sus representantes. Se llamaría “Gazeta de Buenos Aires” (también se escribiría “Gaceta”) y la decisión la dio a conocer en un bando del 2 de junio de 1810. El jueves 7 salió el primer número y fueron impresos 500 ejemplares. Si bien tenía una frecuencia semanal, solía sacar números extraordinarios por temas de interés urgente. El primer número extra salió el día 9.

“¿Por qué se ha de ocultar a las provincias sus medidas relativas a solidar su unión bajo el nuevo sistema? ¿Por qué se les ha de tener ignorantes de las noticias prósperas o adversas que manifiesten el sucesivo estado de la Península? ¿Por qué se ha de envolver la administración de la Junta en un caos impenetrable a todos los que no tuvieron parte de su formación?”, se preguntó Moreno desde las páginas de la publicación.

Bernardo de Monteagudo, columnista estrella del diario, cuando ya Moreno había muerto en alta mar.
Bernardo de Monteagudo, columnista estrella del diario, cuando ya Moreno había muerto en alta mar.

Como era usual en aquellos tiempos, el nombre del diario iba acompañado por una cita en latín de un pensador. La de la Gaceta decía “Rara felicidad la de los tiempos en que pensar lo que se quiere y decir lo que se siente, está permitido”. Corresponde a Publio Cornelio Tácito, historiador y político romano.

Se imprimía en la imprenta de los Niños Expósitos. De sus prensas salían las publicaciones, bandos y demás piezas y para entonces usaba los juegos de letras que los ingleses habían traído en su segunda invasión.

“Es más digno de su representación fiar a la opinión pública la defensa de sus procedimientos, y que cuando todos van a tener parte en la decisión de su suerte, nadie ignore aquellos principios políticos que deben reglar su resolución”, argumentaba.

Los originales y las colaboraciones los recibía el vocal de la junta, el presbítero Manuel Alberti.

“No se adelantarán las artes, ni los conocimientos útiles, porque no teniendo libertad el pensamiento, se seguirán respetando los absurdos que han consagrado nuestros padres, y ha autorizado el tiempo y la costumbre”, decía al fundamentar La Gaceta.

“Seamos una vez, menos partidarios de nuestras envecejidas opiniones; tengamos menos amor propio; dése acceso a la verdad y a la introducción de las luces y la ilustración: no se reprima la inocente libertad de pensar en asuntos del interés universal. Si se oponen restricciones al discurso, vegetará el espíritu como la materia y el error, la mentira, la preocupación, el fanatismo y el embrutecimiento, harán la divisa de los pueblos, y causarán para siempre su abatimiento, su ruina y su miseria”, sentenció.

Con el alejamiento de Mariano Moreno del gobierno, y también de sus partidarios, tomó las riendas del diario el Deán Gregorio Funes. Como fiel saavedrista, el contenido de la publicación tuvo un freno el encendido discurso morenista. Lo sucedió en el cargo Pedro J. Agrelo quien renunció cuando el gobierno determinó que La Gaceta pasaba a ser un papel particular que no respondía al gobierno.

Cuando a fines de 1811 asumió la dirección Vicente Pazos Silva -también conocido como Pazos Kanki- por recomendación de Manuel de Sarratea, miembro del Triunvirato, el diario cambió de formato y salía dos veces por semana. Y la polémica estalló.

Cuando Pazos Silva criticó duramente al ejército que había sido derrotado en Huaqui – “sacrílegos profanadores de nuestra santa causa” los describió- recibió una carta de lectores que tituló “El vasallo de la ley al editor” firmada por Bernardo de Monteagudo y publicada en la edición del 29 de noviembre de 1811. En ese texto, explicaba que el ciudadano debía someterse a la ley y no a la persona de nadie, y que la verdadera libertad solo se alcanzaría a través del respeto a las normas emanadas de la voluntad general.

Bernardino Rivadavia, secretario del Primer Triunvirato, quedó cautivado por la prosa firme y decidida del tucumano Monteagudo y lo contrató. Se determinó que Pazos Silva escribiese el editorial de los martes y Monteagudo el de los viernes. Su debut fue el 13 de diciembre de 1811. Todos en Buenos Aires estaban pendientes de ese encendido contrapunto que estos dos personajes llevaban adelante en un mismo periódico.

Los martes el diario defendía a Saavedra y a la Primera Junta de Gobierno y los viernes a Juan José Castelli y a favor de la independencia. “Cada viernes daba un disgusto al gobierno y hacía temblar a los pelucones”, escribiría Ricardo Rojas.

Fue quizá los inicios del debate periodístico en nuestro país y una muestra del llamado “periodismo militante”. Monteagudo escribía que los saavedristas eran “facciosos” y egoístas políticos. Silva defendía a Saavedra, que había caído en desgracia, y que se merecía un juicio justo. “El que no castiga la transgresión de las leyes es su primer infractor”, señalaba el tucumano. Silva tildaba de ignorante a Monteagudo y criticaba su extremismo.

Era una dupla que no podía subsistir por mucho tiempo trabajando en una misma publicación. A comienzos de 1812 Silva se fue del diario y fundó otro, El Censor, y Monteagudo también dejó la Gaceta y sacó Mártir o Libre en marzo, que duró solo un par de meses.

La Gaceta continuaría editándose, a veces cambiando de nombre y de directores, hasta el 12 de septiembre de 1821, fecha en que dejó de salir.

Desde 1938 se celebra el 7 de junio el día del periodista, en homenaje al nacimiento de La Gazeta o La Gaceta de Buenos Aires, en los tiempos en que era posible sentir lo que se quería y decir lo que se sentía.

Fuentes: Vida y memorias de Mariano Moreno, de Manuel Moreno, Eudeba; Representación de los hacendados y otros escritos, de Mariano Moreno, Emecé; colección La Gaceta de Buenos Aires.

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