Sociedad

Macarrón íntimo en la casa del crimen: el altar a Nora Dalmasso y el perito que le dijo “tu mujer, fiesta total”

Marcelo Macarrón abre la puerta. Es la primera vez que lo veo sonreír. Lleva puesto el ambo verde de traumatólogo. Viene de operar. Antes de saludarme, me dice:

-No iba a dar ninguna nota. Pero te la había prometido. Y no me arrepiento. Preguntá lo que quieras. No quiero quedar como un santo. Quiero mostrarme como soy. Pasá.

Infobae en la casa que mataron a Nora

Es la tercera vez que entro en la casa del barrio Villa Golf de Río Cuarto, donde el 26 de noviembre de 2006 estrangularon y violaron a Nora Dalmasso.

La primera fue hace quince años, cuando me dio la única entrevista que había dado hasta ahora. La segunda ocurrió el 10 de abril de este año. Cuando su hijo Facundo me recibió, tomamos mate y hablamos en el jardín. Sólo entré para ir al baño y lo vi a Marcelo en la cocina. “Estoy cocinando para ustedes”, me dijo.

Marcelo Macarron, viudo de Nora Dalmasso
Marcelo Macarrón habló en exclusiva con Infobae desde su casa de Río Cuarto

Faltaban varias audiencias para que el fiscal Julio Rivero pidiera, el 5 de julio, su absolución y fuera declarado inocente (no había ningún indicio, ni prueba, consideró la Justicia) y el viudo de Nora afrontaba una imputación que podía llevarlo a la cadena perpetua: “Homicidio calificado por el vínculo, alevosía y precio o promesa remuneratoria”.

Ese día, cuando entrevisté a Facundo, Marcelo tenía ganas de hablar. Pero sentí, y no me lo expresó en palabras, que Facundo no quería exponer el dolor del padre. Ni que hubiera una intrusión en su casa.

Luego, su padre salió al jardín y noté que le costaba caminar, llevaba un dolor que parecía haberle tomado cada parte de su cuerpo. Parecía, más allá del paso del tiempo, que ese hombre que vi aquella primera vez había sido golpeado cada día de su vida. Cuando me vio entrevistando a su hijo, lloró y fue como si le deshiciera la cara.

Cuando me despedí, me abrazó, me agradeció por haber asumido mis errores en el caso (en su momento, publicar sin chequear como se debe, no pensar que podía dañar personas) y me dijo que no olvidaba que me había prometido darme una exclusiva. Y que lo iba a hacer después del juicio.

Hace seis años me lo había dicho “vas a tener la nota vos solo”. Y cumplió.

Nora Dalmasso
Una foto desconocida hasta ahora de Nora Dalmasso

Este mediodía de agosto, en Río Cuarto, es la tercera vez que entro en la casa de los Macarrón-Dalmasso y siento que a diferencia de las otras dos visitas atravieso un misterio que quedaba vedado para el resto. Camino y no puedo dejar de pensar que en ese mismo piso dio sus últimos pasos Nora. Que hago un recorrido que tuvo que haber hecho el asesino. Que ahí ella, donde era feliz, fue esperada y golpeada. Que en esa casa dos jóvenes, sus hijos Facundo y Valentina, vivieron lo peor que les pudo haber pasado en la vida.

Aun así, no me llega una atmósfera oscura. Como si la casa fuera otra. Es algo energético y quizá el cambio de muebles o el cambio de ubicación de mesas, sillas, sillones. Marcelo se sienta en un sillón del living y está listo para hablar.

Vivir donde mataron a Nora Dalmasso

-¿Por qué te quedaste en esta casa?

-Sé que para mucha gente seguir viviendo en el lugar donde mataron horriblemente al amor de tu vida suena raro. Pensamos en irnos. Pero me quedé porque Nora sigue estando a su manera. El jardín fue creación de ella. Acá fuimos felices. Esta casa la hicimos con ella. Hay muchos afectos, recuerdos y actos de amor que no los puedo borrar.

Macarrón llora, como lloró cuando declaró y el día que lo declararon inocente. Le pregunto si quiere parar y seguir después. Dice que no. Habla entre lágrimas.

Nora DAlmasso
Nora y Marcelo en una reunión social en fotos exclusivas a las que pudo acceder Infobae

-Todo esto que ves lo hicimos juntos. Ella hizo un esfuerzo tremendo. Y yo estaba terminando la carrera de Medicina y tuvimos que vender el auto y andar en colectivo o caminar porque no la podíamos terminar. Cuidamos la plata. Desde la comida y productos que comprábamos en el mercado hasta no salir a comer. No es ninguna proeza, todo el mundo lo hace. Quiero marcar otra cosa. Hubiésemos comido pan todos los días porque soñábamos con tener nuestra casa. Algo que nos uniera siempre. Donde pudiéramos ver felices a nuestros hijos.

-Pero en esta casa vivieron un infierno que duró años.

-En cualquier casa lo hubiéramos vivido.

-Pero acá pasó lo peor.

-Cuando me entregaron la casa, antes de volver a vivir pedí que limpiaran todo. La habitación donde mataron a Nora fue remodelada y se cambió la ventana. Quise quedarme pero transformando, todo lo que pude, las huellas del crimen. Quise mantener lo más lindo de esa casa que amamos con Nora. Por otro lado, debía enfrentarlo. Abrir el placard de Nora y encontrar su ropa. Estar ante los objetos que tocó por última vez. Y parte de mi amor por mi mujer me hizo volver a la casa.

-¿Cómo hiciste para que Facundo y Valentina pudieran sobrellevar tanto dolor? Además de la asfixiante presión judicial y mediática.

-En ese momento Valentina tenía 15 años y Facundo 18 y yo tenía que ser fuerte. Estaba obligado. Sino nos hundíamos todos. Tuve que ponerme las pilas y luchar y seguir adelante. Fue tremendo, casi imposible. Pero pudimos. Un día les dije que quería hablar con ellos y los llevé al comedor y nos sentamos… (Macarrón llora, parece que va a atragantarse con el llanto, saca un pañuelo, tose y sigue hablando). Y ahí les dije: “La desgracia que pasó es lo peor que vivimos y vamos a vivir. Su madre no está… y yo voy a ser ahora padre y madre para ustedes. Y su madre me va a ayudar porque va a seguir presente de alguna manera y por todo lo que aprendimos de ella”.

En ese momento, no pude evitar emocionarme. Macarrón, por suerte, no me vio. Disimulé. Aclaro: no soy amigo suyo. Esta no es una nota para limpiarlo. Ni soy su vocero ni recibí plata suya para escribir, como me acusó un periodista de Córdoba. Y si aparezco en esta nota no es para ser protagonista, sino por la sensación de conocer la intimidad (nunca lo había permitido y con todo derecho) de un hombre que se encerró en sí mismo harto de tener a diario decenas de periodistas haciéndole guardia.

Marcelo Macarron, viudo de Nora Dalmasso
Macarrón vive en la misma casa en la que mataron a su esposa Nora Dalmasso

El mensaje a sus hijos

-Fue duro. Pero sobrevivimos. A mis hijos les dije que teníamos que aportar todo a la Justicia para que se supiera toda la verdad. “Hijos, tenemos que salir de esto con fuerza, trabajando y cada uno poniendo energía en sus estudios porque sino nos vamos a meter en una crisis depresiva” .

-En el juicio declaraste una decisión que ibas a tomar…

-Si. En ese momento estaba muy deprimido, quería acabar con mi vida para que se terminara el suplicio. Pero no lo hice por mis hijos. Y por Nora. Ahora eso ya no me pasa por la cabeza. Ya terminó el suplicio. Creo que van a venir tiempos por delante, mejores. Yo me estoy recuperando de a poco. Lo que pasa es que tenía mucho miedo de que mis hijos se metieran en la droga o se hicieran daño o no supieran cómo vivir. Y respondieron con mucho afecto hacia mí, además de la dulzura de mi hermana, de mis padres, de mi suegro, de mi cuñado, de mi suegra, de mis pacientes que me regalaban estampitas y me llamaban, que me dieron todo el apoyo para seguir.

-Recuerdo que una vez, mientras yo estaba acá hablando con Facundo, un paciente dijo que lo habías operado gratis hace muchos años y dijo que rezaba por vos. ¿Tenías miedo de ser condenado a perpetua?

-Sí.

-¿Por qué si eras inocente?

-Si me llevaron a juicio sin pruebas, reconocido por mi acusador, pensé que podían ser capaces de condenarme. Recuerdo que Facundo dijo algo que me partió el alma: que si me metían preso quedaba huérfano, sin padre ni madre.

-Pero no ocurrió.

-No. Mis hijos son maravillosos. Exitosos en lo que hacen. Enamorados de sus parejas. Inteligentes. Talentosos. Sensibles. Con coraje. Con amigos que los aman. Y a mí me dieron amor y el amor que tenían por su madre lo pusieron de manifiesto en lo que nos enseñó Nora. Era una mujer muy recta, de muchos principios y amor. No había grises. Había blancos o negros. Quería una educación muy estricta. O estudiás o estudiás. Si no estudiás, no vas a ir a ningún lado. Y era sensible. Llena de cosas lindas. Con mucha luz. Estoy feliz por mis hijos. Con sus carreras. Por cómo son como personas. Y por el apoyo incondicional que me brindaron. Después de la charla en la que les dije que debía ser padre y madre, Facundo me contó que era gay y me presentó a su pareja. Al principio quizás no lo acepté y con el tiempo me fui dando cuenta que lo tenés que aceptar porque es la elección de vida de él. Cada día le di mi apoyo incondicional a lo que él sentía y él lo sabe muy bien desde el primer momento. Tengo un hijo y una hija maravillosos.

Nora DAlmasso
Otra foto desconocida en la que se la ve a la pareja en una fiesta familiar

-Pero hubo gente que no creyó en vos.

-No tengo odio. Hice mucha terapia. No les guardo ningún rencor.

En un momento pienso cómo habrá quedado la pieza donde ocurrió el horror. No quiero verla. No es morbo (eso creo), sino curiosidad.

-Perdón que insista con esta casa. Pero se habló tanto de ella. Fue como si fuese humanizada, protagonista de esta historia. Y conocerla no me es indiferente. ¿La venderías algún día?

-Quiero venderla. Pero hay cosas que no puedo tirar a la basura. Cosas de Nora. Ahora cambiaron las cosas. Pasamos momentos que nos pudieron haber destrozado para siempre. El sufrimiento de Valentina. La acusación falsa contra Facundo, que pudo haberlo derrumbado y sin embargo salió adelante. La acusación contra mí. El juicio. Y lo peor es que el asesinato de Nora seguía impune. Ahora quiero mirar hacia el futuro. Dejar una parte del pasado porque duele y no deja seguir. Se viene una vida distinta. Y eso no deja afuera a Nora. Vamos a luchar, cuando seamos querellantes, para que encuentren al verdadero culpable.

-¿Sabés quién la mató?

-Tenía mis sospechas. A veces certezas. Y por momentos sospecho y hasta estoy seguro de quién fue el asesino. Pero me di cuenta que debe actuar la Justicia. Y a veces uno puede dar nombres pero no está bien porque es manchar a tal o cual persona. Y eso lo debe hacer la Justicia.

-Los fiscales anteriores al juicio destacaban que o Nora sabía algo oscuro que te comprometía, que quería separarse y develar que eras testaferro de un poderoso o que la mandaste a matar por conflictos conyugales. Hubo testigos que hablaban de una mala relación entre ustedes.

-En el juicio no aportaron nada y en la causa quedó claro que no era así.

-¿Y del resto de las hipótesis?

-Quedó demostrado. No soy testaferro de nadie. Ni tuve poder. Ni dinero más que el que gané en mi profesión. Me equivoqué al rodearme de gente que yo creí amigos y no lo fueron.

-Es decir, ¿creés que quedaste en medio de gente poderosa de la política sin tener nada que ver?

-Esa gente, según mi abogado Marcelo Brito, a quien le debo mucho en lo personal porque me contuvo y por su brillantez supo desbaratar las falsedades, una pelea por el poder. Y quizá usó este caso para una interna que había entre ellos. No pertenezco a ningún partido político ni nada. Lo más fácil para los fiscales fue perseguir a la familia Macarrón y no investigar otra cosa. Pero no nos hundieron. En estos más de 15 años vivimos un calvario. Pienso en mis hijos y estoy orgulloso de ellos. En el juicio me sostuvieron.

Nora DAlmasso
La intimidad de la pareja en una foto a la que Infobae accedió en forma exclusiva

El llanto de Macarrón

Macarrón llora otra vez. En silencio. Es un llanto de dolor verdadero. Un llanto que conmueve. Más allá de que hubo un tiempo en que pensé que pudo haber sido el asesino.

Nunca juzgo y entrevisté a más de 50 asesinos. En ninguno de ellos percibí un rasgo de inocencia. A Macarrón hace tiempo comencé a verlo inocente. Desde sentir que no había sido capaz de matar. De conocerlo (como periodista) y porque leí el expediente. No había una sola prueba. Un fiscal dijo que viajó de Uruguay, donde estaba con amigos jugando al golf, para matar a Nota y volver en ese avión fantasma. El que lo reemplazó dijo que no hubo avión. Pero que la mandó a matar por un sicario. Un sicario que no usó armas. Raro. Hasta el móvil no tenía sustento (lo dijo hasta el fiscal Rivero): ni el de “desavenencias conyugales” ni el económico.

Ningún testimonio sustentó la acusación. En una causa donde acusaron a su hijo Facundo, a un asesor político y al albañil Gastón Zárate.

Aprovecho para pararme. Y trato de mirar la casa como si buscara lo inasible.

En la planta baja hay una cocina, el living, el comedor, el baño y un garage donde Macarrón guarda los carritos de golf. Además tiene un quincho. En el piso superior están las habitaciones. Me llama la atención que no veo fotos de Nora. Pienso si lo tomaría a mal que se lo preguntara. Quizá espere el momento para hacerlo.

Macarrón se seca las lagrimas. Está para seguir la charla. En él sigue un hombre roto. Mucho mejor al que vi la vez que entrevisté a Facundo. Pero en algunas situaciones se rio, en sus ojos que antes estaban apagados, como nublados por un dolor instalado, ahora se ve más vida. Pese a todo se lo ve esperanzado. En la nota se desnuda emocionalmente. No es ese médico parco y cerrado que aparecía en silencio perseguido por periodistas y camarógrafos. Hasta por momentos transmite una energía luminosa. Si no me engaña, puedo decir (no es el primer encuentro que tuve con él) que es una buena persona, generosa y, como me dijo Facundo una vez, bonachón. Al punto de ser ingenuo y haber confiado en quien no debía.

-Me equivoqué en elegir a algunos amigos. Insisto con eso. No era real. Un amigo es otra cosa. Tengo que corregirlo, aprender. Uno de ellos me asesoró muy mal. Di una conferencia de prensa nefasta.

-Fue cuestionable que pidieras perdón a Nora cuando la habían matado.

-Si. Estoy muy arrepentido. Y todo porque me enteré que tenía un amante. Es que el día anterior me había enterado que tenía un amante y me dio mucha bronca y no pensé en la barbaridad que dije. Y encima expuse a Facundo en la conferencia.

-¿Es verdad que un perito te dijo algo?

-No un perito, un médico policial. Cuando estaba en el velorio se me acercó a saludarme y me dijo que quería hablar conmigo. Nos apartamos y me dijo: “Tu mujer, fiesta sexual. Fue consentido”. Y me destrozó. Pero por Nora. Era como si la volvieran a matar. Y enseguida me vinieron a sacar del velatorio para declarar ante el fiscal.

-¿Cómo es que en la escena del crimen entraron tantas personas?

-Desde el primer momento se alteraron las evidencias del crimen. Desde la gente que entró a la habitación donde habían asesinado a Nora hasta cómo contaminaron pericias. El primer fiscal, Javier Di Santo, que estaba a cargo de preservar al escena del crimen, permitió entrar a todas las persona habidas y por haber. Desde el cura, mi padre, mi cuñado, y a muchas personas más. Yo estaba tan mal que no pude evitarlo ni darme cuenta. Nosotros creíamos en la Justicia y aportamos muchas cosas. Pero sólo se nos acusó a nosotros y al muchacho que trabajó acá.

Nora Dalmasso
El altar que tiene Macarrón en su casa para recordar a Nora Dalmasso

-¿Cómo imaginás tu nueva vida?

-Llorando menos. Riéndome más. Luchar por Nora para que se haga justicia. Estoy mejor. No quiero la vida que hice de trabajar 16 horas por día por la medicina. Ya tengo 40 años de medicina entonces he elegido trabajar a la mañana o hacer consultorio y a la tarde hacer un poco de bicicleta, jugar al golf, hacer gimnasia. Estoy en otra etapa de la vida. Necesito una casa más chica. Mis hijos me apoyan. Quiero trabajar menos. Me faltan dos años para jubilarme. Y quizá apostar a una relación amorosa. Y elegir mejor a los amigos.

-Eso te tiene atormentado.

-Creo que tengo que hacer un mea culpa. En qué me he equivocado, no sólo en los amigos mal elegidos. En otras cosas. Y reestructurar todo a partir de cero. Pero yo estaba en una situación extrema. Desesperante. Donde tenía a dos adolescentes que criar. Y me puse esta mochila arriba. Cuando pasás situaciones de vida traumáticas y extremas, empezás a revalorizar tu vida. Y entonces decís bueno, ¿Qué hago acá? ¿Cuál es mi prioridad? ¿Qué es lo que quiero? ¿Qué es lo que no quiero? Si vos me decís, ahora hacé lo mismo que hacías antes. Y bueno, no. Voy si tengo que operar tengo residentes, posiblemente haga la incisión, saco la cadera y mis residentes hacen todo. Pero yo pongo la cara.

Nora, siempre presente

-¿Has soñado con Nora?

-Mucho. Sueños hermosos y otros que fueron pesadillas. Los más lindos me los reservo. Y el más feo es que sueño que el asesino que la mató entra en esta casa y nos quiere hacer daño. Es horrible. Prefiero pasar a otro tema.

-¿Cuál es tu sueño de vida?

-Que se haga justicia. Que mis hijos y yo seamos felices aunque llevaremos un vacío toda la vida. Pero tenía otro que no puede cumplirse. Que Nora hubiese visto a Facundo y a Valentina ahora. En las personas que son. Y no lo pudo ver porque un hijo de puta le cortó la vida. Sin importarle nada.

-¿Cómo era Nora?

Macarrón escucha la pregunta y mientras habla se quiebra, pero por momentos, cuando cuenta algo de ella, sonríe con ternura. Responde: “Era una mujer maravillosa. Teníamos roces como cualquier matrimonio. Era audaz, alegre y solidaria. Con la gente más necesitada, con sus amigas, con la gente que estaba mal. Fue una gran madre. Le enseñó valores a sus hijos. Es injusto y doloroso que no esté acá. Disfrutando la vida, estando orgullosa de sus hijos. Viendo su jardín. Suelo ser cerrado y guardarme las cosas. Pero me gustaría que se conociera su esencia. Le encantaba ir con nosotros al campo de su familia. Era un campo de sierra. Pasábamos tiempo ahí. Amaba andar a caballo. Me encantaba verla cuando lo hacía. Y andar juntos a caballo. Sabía amansar a los caballos más bravos. Nené, mi querida suegra, también estaba. Partió días pasados. Fue un gran dolor. Es un antes y un después. Fue una gran mujer. Inolvidable como su hija”.

-Otra cosa que formó parte de la acusación es que tu coartada fue el torneo de golf con amigos.

-Otra locura. Como si fuera una película. Siempre jugué al golf. Hasta hablaron de un sicario colombiano. De un avión “mágico”. De un juego perverso sexual. De un accidente. Pero volviendo al torneo en Uruguay, veníamos mensajeándonos o hablando hasta que desde el viernes a la tarde no me pude comunicar con ella. La llamaba al celular o al teléfono fijo de casa y no respondía. Yo creí que se había al campo y no tenía señal. Hasta que llegó el domingo, día que gané el torneo, otra vez no me pude comunicar y ahí ya me preocupé. Y pedí a gente de confianza que por favor la ubicara. Yendo en auto con Daniel Lacase, me llaman. Me bajé del auto y me dicen: “Mataron a Nora” y no lo podía creer. Me tiré al piso y de ahí en más fue una locura lo que vivimos con mi familia y la de Nora.

-¿Cuando la viste por última vez, y hasta tuvieron relaciones, más allá de eso la notaste rara?

-No, para nada.

-¿Qué fue lo último que te dijo?

-Te amo.

Marcelo Macarron, viudo de Nora Dalmasso
Macarrón habló con Infobae en forma exclusiva

Otra vez, el llanto y el silencio.

-La extraño, recuerdo su voz. Y el día que me despidió con un beso.

-¿Seguís enamorado?

Marcelo pareciera responder con la mirada. “Nunca dejaré de amarla. Pero sé que es un amor que quedó entre nosotros. La realidad es que Nora no está más y sé que puedo amar a otra mujer. A Nora jamás la voy a olvidar. Voy al cementerio cada 15 días, le pongo flores y trato de que no me vea nadie. Ni que me saquen fotos. Estos días volví el dolor. Mi suegra murió estos días y sentí una gran tristeza. Es un antes y un después”.

-Puede que tomes como irrespetuoso lo que voy a decirte, pero me llama la atención no ver fotos de Nora.

-Mirá. La casa estaba llena de fotos de ella. Yo las miraba y no podía parar de llorar. Me hacía mal. Y en un momento mi psicólogo me dijo que si seguía así iba a vivir en el dolor, el pasado, en lo que no volverá más. Y por eso las guardé. Pero eso no quiere decir que la haya olvidado.

-Es algo íntimo, pero llegaste a tener un santuario.

-Si. Un santuario para Nora. Con fotos suyas, de la familia. Con rosarios, vírgenes (la Virgen de Guadalupe y Nuestra Madre de Jesús Virgen María) y cosas que me regalaba la gente que me quiere. Hasta mis pacientes. Pero decidí sacarlo. Lo tuve durante cinco años. Y rezaba. Me conectaba con ella. Era muy íntimo. Entre los dos. Como estar otra vez con ella.

Macarrón se emociona.

-Pero sabés lo que me pasa. No me hace falta ni santuario, ni fotos, ni objetos para mantenerla viva en mí.

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