Sociedad

La historia de “Los chicos de la peatonal”: los hermanos que hacen música para pagar sus estudios

Los chicos de la peatonal
Los Ojeda son de Laferrere y tocan todas las mañanas en la peatonal de San Justo (@loschicosdelapeatonal)

Entre cientos de personas que van y vienen en forma frenética, vendedores ambulantes y los comercios que ofrecen todo tipo de productos, se escucha de fondo un violín y una guitarra que hace detener el tiempo. Son Los chicos de la peatonal, dos hermanos que todos los días le ponen música al centro comercial del oeste del conurbano bonaerense. Agustín y Tomás Ojeda se acomodan justo donde hay un banco de plaza. Antes de arrancar con sus shows cuelgan un cartel que es casi una declaración de principios: “Disculpen las molestias, es para poder seguir estudiando”.

Los Ojeda son de Laferrere y tocan todas las mañanas en la peatonal de San Justo con un objetivo más que claro: continuar con sus estudios de Profesorado de Música, que realizan en el Conservatorio de Morón Alberto Ginastera.

Todo empezó cuando a los 6 años Agustín empezó a estudiar con un profesor en el barrio. Luego agregó canto también y en la casa empezó a sonar la propia música. Al ver a su hermano mayor, Tomás también quería tocar la guitarra. Pero todo cambió con un programa de TV del momento llamado “Talento Argentino”. En la emisión se destacaban unos chicos que tocaban el violín que le gustaba mucho a la familia. “Mi papá me propuso que en vez de guitarra, aprendiera violín. Y yo acepté sin tener idea ni cómo era la forma del instrumento -recordó el menor de los Ojeda-. Enseguida le tomé el gustito y desde ese momento no paré de estudiar para mejorar”.

Los chicos de la peatonal
Todo empezó cuando a los 6 años Agustín empezó a estudiar con un profesor en el barrio Da Vinci (@loschicosdelapeatonal)

Los domingos en la casa de los Ojeda, cuando los chicos aún eran chicos, se convertían en un reality show musical de los que seguían con pasión en la tele. Cada hermano preparaba una rutina y se la presentaba a sus padres en el comedor de la casa, mientras de fondo se veían en silencio los resúmenes de los goles de la tarde futbolera. Pasaba primero Agustín con su guitarra y luego Tomás con su violín con la rutina que habían estado preparando. “Mi viejo parecía un jurado de esos que ponen puntos por cada actuación”, recordaron los músicos. Igual siempre terminaban empatados y había postre para los dos.

Bancar los estudios

Los hermanos se manejan como una cooperativa musical. La plata que entra por sus shows lo usaron para comprar mejores instrumentos ya que los que tenían eran básicos y ya estaban muy gastados. “Cumplimos la promesa que le hicimos a nuestros padres -explicó Tomás-. Usamos lo que recaudamos para nuestros estudios, mientras tenemos casa y comida asegurada”.

“Todo lo que nos dan en la peatonal es para pagar las fotocopias, viáticos y mantener los instrumentos -explicó Agustín-. Por ejemplo, ahora estamos en campaña para comprar un violín porque el que ahora usa Tomás es uno de estudio que para tocar en la calle no está muy bueno”.

Los chicos de la peatonal
Con el dinero que fueron recaudando a lo largo de todo este tiempo, tanto Tomás como Agustín lograron comprar mejores instrumentos (@loschicosdelapeatonal)

Mientras disfrutaban del éxito de tocar para decenas de personas en la calle, a ellos también los atravesó la pandemia. “Habíamos juntado para comprar los instrumentos definitivos del conservatorio. No pudimos, ya que tuvimos que usar esa plata para pagar diferentes necesidades. Vivíamos de la gente que nos escuchaba en la calle. Así que fue una época muy dura ya que estábamos encerrados y teníamos mucha impotencia”, recordó Agustín.

Tomás y Agustín volvieron a la peatonal de San Justo a fines de 2020, cuando se comenzó a aflojar la cuarentena. Allí están de lunes a sábados de 10.30 a 14. También tienen presencia en las redes sociales (@loschicosdelapeatonal).

Como cada vez son más conocidos en la zona este del conurbano por miles de personas que se paran un rato en la peatonal a escuchar unos temas y hasta animarse a bailar o al menos mover un pie al ritmo de la música. Tanto es así que a los Ojeda muchas veces los contrataron para animar fiesta de 15, cumpleaños en quintas y hasta un casamiento. Allá van los chicos de la peatonal con sus estuches a cuesta para animar cualquier encuentro. “Es maravilloso sentir como tocamos las cuerdas de los instrumentos, logramos que mucha gente se divierta y disfrute nuestra música”, se emocionó Tomás.

Tocar en la calle

Agustín, el mayor de los dos hermanos y guitarrista, relató en diálogo con Infobae en un pequeño intervalo de su show callejero: “Somos del barrio Da Vinci y empezamos hace cinco años tocando canciones. Al principio el objetivo era puramente económico, ya que no podíamos costear nuestros materiales de estudio y viáticos. Después, se convirtió en nuestra pasión y casi en lo más importante de nuestras vidas”.

Tomás, el menor de los Ojeda y violinista, recordó cómo fue que decidieron tocar en la peatonal. “La economía de la casa venía muy mal. Nuestro papá nos sentó un día en el comedor y nos pidió ayuda para sostener la casa. Él podía seguir pagando la comida, pero necesitaba que nosotros solventáramos otros gastos del estudio y hasta los viáticos para llegar”.

Así mientras al padre se le “partía el corazón”, así lo contó Agustín, los hermanos decidieron asumir responsabilidades. “Nuestra familia siempre vivió al día. Nunca nos sobró nada y muchas veces faltaron cosas. Aún así, nuestro papá siempre defendió que siguiéramos estudiando música que es nuestra gran pasión”, explican a dúo y emocionados Tomás y Agustín.

Los chicos de la peatonal
“El primer día tocamos mirando al piso -recordaron casi a dúo los Ojeda-. Teníamos miedo que la gente no se cope con nuestra música o que la policía nos raje del lugar a palazos” (@loschicosdelapeatonal)

Así una tarde de febrero del 2017, dos chicos de 16 y 18 años, se tomaron el colectivo del barrio con sus instrumentos y se bajaron apenas vieron el bullicio de la peatonal de San Justo. “El primer día tocamos mirando al piso -recordaron casi a dúo los Ojeda-. Teníamos miedo que la gente no se cope con nuestra música o que la policía nos raje del lugar a palazos”.

Entonces, Tomas y Agustín, aún no se llamaban los chicos de la peatonal, enchufaron sus instrumentos y mientras la gente les pisaba los estuches o los miraba con indiferencia arrancaron con su sueño. “Respiré profundo. Sin pensar me puse a tocar la guitarra y cantar. Tomás se sumó con el violín y se produjo una conexión mágica ”, relató Agustín, mientras en su mente aparecían las imágenes de esos dos chicos tímidos llegando al centro de San Justo.

En ese sentido, Agustín recordó que desde ese día la conexión con Tomás es muy fuerte. “Llegamos a decir palabras al mismo tiempo sin mirarnos -contó el mayor de los Ojeda-. Cuando tocamos, con una mirada o un movimiento de una pierna sabemos lo que tenemos que hacer para terminar una canción o para alargarla si vemos que el público está muy entusiasmado”.

“Tocar en la calle nos dio muchas alegrías y nos mostró el poder de la música en el alma de las personas. Ahora que ya tocamos sin mirar al piso, vemos las caras de la gente que se transforma al escuchar una melodía -resaltó Agustín entusiasmado-. Siempre recuerdo a una señora que se nos acerco y nos dijo que no tenía plata pero nos dio las gracias porque le habíamos cambiado el día con nuestro show”.

Sobre el futuro, los hermanos Ojeda también mantienen la unidad de lo que quieren. “Nuestro sueño es ser profesor y músico para pisar un gran escenario y viajar por el país”, resaltaron a dúo. Eso no es todo, al mejor estilo del Diego Maradona entrevistado por Pipo Mancera en Fiorito, Agustín y Tomás resaltaron: “Queremos llegar a tocar con la Sole, Abel Pintos o Luciano Pereyra”.

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